Cerrando heridas
La derecha política y mediática de este país se ha lanzado al ataque contra el auto del juez Garzón en el que se declara competente para juzgar los crímenes cometidos durante la guerra civil y la posterior represión fascista del régimen de Franco. Sus argumentos son los de siempre, y siguen siendo igual de incomprensibles que siempre. Incomprensibles porque a mí no me entra en la cabeza que gente que, se supone, es de misa semanal, se oponga a que otras personas puedan simplemente saber dónde están enterrados sus familiares desaparecidos y darles una sepultura digna. Desde luego, por lo menos a mí, no me parece ejemplo de caridad cristiana el negar eso a nadie.
Cada vez que se ha intentado echar la vista atrás para dar a cada uno lo que es suyo, lo que por justicia le pertenece, los mismos de siempre han estado ahí esgrimiendo sus falsos argumentos y acusándonos de querer remover el pasado y reabrir viejas heridas. No deja de ser un dato a tener en cuenta que siempre utilicen este lenguaje. Significa que sus heridas ya cerraron en su día. Desde luego no me sorprende, tuvieron casi cuarenta años para poder cerrarlas del modo que creyeran más conveniente. Pero con medidas como la Ley de Memoria Histórica o el auto de Garzón no se busca abrir las heridas de nadie, lo que se pretende es cerrar las de aquellas personas que todavía no han podido hacerlo. Son muchas y tienen el mismo derecho a poder pasar página de una puta vez.
La Transición, ese periodo intocable de nuestra historia, también tuvo sus fallos, sus puntos oscuros. No fue perfecta señores, lo siento mucho. Y uno de los mayores errores fue, sin duda, el cimentarse sobre el olvido colectivo de la época anterior. Se pretendió pasar página sin más, como si nada malo hubiera pasado durante los cuarenta años anteriores. Y, en el hipotético caso de que algo hubiera ocurrido, como si todos fueran igual de responsables. ¿Qué pasó? Pues lo inevitable, que muchos se acabaron creyendo esa mentira, que nada había pasado y que España, durante la época de Franco, simplemente vivió un periodo de extraordinaria placidez. Ahora, su excusa para oponerse a cualquier intento de poner las cosas en su sitio, es que España ya hizo los deberes en la Transición y hay que dejarlo todo como está.
Esto demuestra que son ellos los que quieren olvidar el pasado, borrarlo de un plumazo, hacer como si nada hubiera ocurrido. Sin embargo, no sé cómo se las apañan pero nos acusan a nosotros de eso mismo. Dicen que querer cambiar los nombres de calles dedicadas a los golpistas o retirar estatuas y símbolos que hacen apología del fascismo, es querer borrar la historia. Eso sí, se quedan tan anchos cuando se oponen a que las familias puedan saber dónde están enterrados sus familiares desaparecidos porque dicen que hacer lo contrario es remover el pasado, que no se puede hacer ahora un juicio sobre buenos y malos, que en la guerra todos los españoles sufrieron mucho.
Y en este punto me parece imprescindible distinguir entre dos casos, porque son muy diferentes. Una cosa es que se acepte que en ambos bandos hubo buenos y malos y que en los dos se cometieron barbaridades contra el otro, que es cierto. No hay que olvidar tampoco que se trataba de una guerra y que las guerras no son precisamente reuniones distendidas. Pero otra cosa es extender esa idea a todos los aspectos y querer equiparar moralmente a ambos bandos. Porque eso sí que no. Los dos bandos no fueron iguales. Uno defendía la democracia, la Constitución y la legalidad vigentes y el otro estaba comandado por un grupo de militares fascistas que dieron un golpe de Estado. No es lo mismo, no puede ser lo mismo.
Otra cosa que también repiten mucho es que dejemos de intentar reescribir la historia. Sobre esto, yo sólo tengo que decirles una cosa: que no se preocupen, ellos ganaron la guerra y nadie pretende cambiar eso en los libros de historia como a veces parecen insinuar. Ellos ganaron y nosotros perdimos. Ellos niegan su pasado y se avergüenzan de él y nosotros podemos ir con la cabeza muy alta. Por cierto, esta es otra cosa que no entiendo, el miedo que tienen a reconocer que sus antepasados pudieron hacer las cosas mal. Debo de ser muy torpe porque no me entra por más que lo intento. Si tus familiares fueron unos cabrones, tú no tienes la culpa. Nadie puede ser responsable de lo que ocurrió antes incluso de haber nacido. Ahora, si te empeñas en defender las cosas que hicieron esos cabrones, ahí algo de culpa ya tienes. Me da igual que se trate de sus padres, abuelos, tíos o lo que sea. Me repugna el corporativismo a todos los niveles.
En estos días España ha dado un importante paso al frente. Lo reconocen en todo el mundo (menos aquí, claro). Aquí algunos se dedican a criticar a Garzón o a ridiculizarle por pedir la partida de defunción de Franco. Pero todo tiene su explicación. Garzón sólo busca tiempo, por lo que pudiera pasar más adelante. El paso dado es importante, pero no hay que quedarse aquí, hay que seguir avanzando por este camino. Iniciativas como la de Garzón merecen no sólo respeto, sino apoyo. Si criticamos leyes como la de Punto Final en Argentina, luego no podemos hacer nosotros lo mismo y querer borrar y olvidar sin más nuestro pasado.
Olvido y memoria. Eneko lo resume perfectamente en el siguiente dibujo (publicado en 20 minutos y sacado de su blog).

Que cada uno decida en qué lado está.
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