¡Viva Honduras!
Llevaba varios días viéndose venir, nunca puede esperarse nada bueno cuando los militares empiezan a hacer ruido. Pero no por previsible, la noticia del golpe de estado en Honduras ha sido menos impactante, por lo menos para mí. Quizá tendemos demasiado pronto a creer que la democracia está suficientemente asentada en aquellos países en los que afortunadamente ya disfrutan de ella, pero está visto que no. En muchos lugares las democracias todavía son más débiles de lo que parecen, y sigue habiendo grupos que se niegan a aceptar que ya no tienen tanto poder como les gustaría.
Lo sucedido en Honduras ha sido un ataque a la democracia, sin peros, aunque algunos se los quieran buscar. Que el ejército secuestre y deporte al Presidente electo no puede llamarse de otra manera, es ridículo intentar debatir sobre esto. No puede justificarse nunca una acción de este tipo, por mucho que la propia Constitución hondureña considere delito el mero hecho de proponer una consulta para reformar el artículo que prohíbe la reelección de los Presidentes. Vale, es cierto. Pero eso no justifica que los militares entren en escena. Por cierto, esto tendría que hacernos pensar en lo peligroso que puede ser que una Constitución consagre al ejército como guardián último de la democracia, la patria… etc. (como, sin ir más lejos, sucede en España). Simplemente, a mí no me parece una buena idea dejar a los lobos al cuidado de las ovejas.
Lo sucedido en Honduras viene de largo. Las altas instituciones del Estado nunca vieron con buenos ojos la victoria de Zelaya. El Tribunal Supremo, por ejemplo, tardó un mes en reconocer su victoria, a pesar de no existir dudas al respecto de la legalidad de la misma. Todo se puso peor para el Presidente cuando, para sorpresa general, dio un giro a la izquierda en su política y se alió con Hugo Chávez y Evo Morales entre otros. Y ya sabemos todos lo que estos nombres significan para la derecha. Pero para entender mejor estos antecedentes, os aconsejo leer un par de artículos: El oligarca que cambió de bando, de Pere Rusiñol y Las claves para entender qué pasa en Honduras, de Nacho Escolar. Imprescindibles para hacerse una imagen clara de lo que está sucediendo en aquel país.
Tristemente hemos tenido que volver a presenciar una noticia de este tipo. Sin embargo, esta vez todo parece indicar que nada será como en ocasiones anteriores. La comunidad internacional esta vez sí ha reaccionado, no se ha quedado callada y mirando para otro lado. Estados Unidos ha condenado el golpe, sin peros, y ha declarado que sólo reconoce a Zelaya como legítimo Presidente (parece que el cambio prometido por Obama no va a quedarse sólo en meras palabras, otro motivo más de alegría). La UE y la OEA han hecho lo propio. A escala local, el Congreso de los Diputados ha expresado unánimemente su rechazo al golpe. Algo que no tendría que ser noticia pero que, vistos los antecedentes del Pp, lo es.
Por todo esto, me voy a permitir el lujo de ser un poco optimista. Creo que un golpe sin apoyos exteriores de ningún tipo (es más, con rechazo frontal de la comunidad internacional) está condenado al fracaso. Sólo espero que pronto se confirme que no estaba equivocado y Honduras pueda volver a disfrutar de la libertad y la democracia. Por una vez, y sin que sirva de precedente, parafrasearé al ínclito (minis)Trillo: ¡Viva Honduras!
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