Esto se acaba chavales, ya no me queda nada para volver a Pucela. Ahora mismo estoy en Dublín, uno de los últimos sitios que visitaré antes de irme de esta bonita isla (seguramente mañana o pasado me escape a Belfast, pero eso ya lo contaré cuando suceda XD). Mi aventura irlandesa está, pues, cada vez más cerca de terminar. Pero aún me quedan cosas en el tintero para contaros. De las prácticas directamente voy a pasar. Básicamente porque tampoco hay nada nuevo que decir. Gracias a los dioses ya terminé, así que ahora lo único que quiero es olvidarme de ellas cuanto antes. Cosa que, por otra parte, no creo que me cueste demasiado esfuerzo, la verdad. Me sobra con los dedos de una mano para contar el total de horas útiles que he hecho estas semanas (y eso tomando un concepto de “hora útil” muy amplio :-P).
Así que lo dicho, pasamos directamente al segundo punto del orden del día, contar las escapadas de fin de semana que tengo pendientes que, si no recuerdo mal, sólo son dos. A decir verdad, ninguna de las dos ciudades me dijeron nada especial (joder, vaya mierda de entrada me está quedando, parece que no tengo nada que contar :-P). Pero bueno aun así algo podré decir de ellas.
La primera se trata de Kilkenny, una ciudad famosa por su castillo. Realmente el castillo es lo más interesante para ver (y tampoco os penséis que es algo extraordinario). Pero, desgraciadamente, durante la visita guiada por su interior, estaban prohibidas las cámaras, por lo que os tendréis que conformar con verlo desde fuera. Por cierto, esta foto me sirve también para demostrar que no es mentira que esté en Irlanda, porque creo que es la primera en la que se me ve :-D.

El resto del día poco más. Como siempre patearnos la ciudad de arriba a abajo, pero como digo no había nada especial aparte del castillo. Una bonita ciudad irlandesa más para ir de visita, con sus increíbles paisajes, sus monumentos, sus iglesias, sus catedrales…

Tras Kilkenny le tocó el turno a Galway. Una visita obligada, porque mucha gente nos había dicho que no podíamos perdérnosla. En realidad no sólo a nosotros, sino a todo el mundo, porque cuando yo decía que me iba a Galway todos (curiosamente casi nadie la había visitado) me decían lo mismo: “Oh, Galway, sí. Yo también tengo que ir a verla, me han dicho que es muy bonita…”. Bueno, pues la gente miente, que lo sepáis. Fuimos y volvimos el mismo sábado (lo que supone ocho horas de autobús) y nos sobró tiempo, porque volvimos dos horas antes de lo que teníamos pensado. Y eso a pesar de que también nos habían dicho que Galway era para visitarla y quedarse por lo menos una noche allí a dormir. Una de dos, o lo que merece la pena de Galway sólo puede verse de noche o, de nuevo, la gente mentía :-P. Digo lo mismo que antes, no es que la ciudad fuera fea, ni mucho menos, pero simplemente creo que no merece la pena la paliza porque no tiene nada especial. Eso sí, se nota que la ciudad es muy turística. Sin duda ha sido en la que más ambiente hemos encontrado y probablemente también en la que más extranjeros hemos visto (y eso que Cork, como ya he dicho otras veces, está literalmente ocupada por gente de fuera). Por destacar algo de la ciudad, y por variar un poquillo, nombraré por ejemplo su universidad.

Pero, por si hubiera sido poca paliza el viaje de ida y vuelta a Galway, el día todavía no había terminado para mí. A la vuelta me esperaba en mi casa una fiesta de despedida (en realidad yo sólo fui la excusa perfecta que necesitaban mis queridos compañeros de piso para hacer una fiesta :-P). Para rematar, ya bien entrada la noche, decidimos que nos vendría bien un cambio de aires y nos fuimos para otra fiesta en otro piso. Tras la odisea que supuso atravesar Cork para llegar a nuestro destino (es lo que tiene el alcohol XD) pudimos comprobar que, efectivamente, cambiamos de aires, pero no para bien. Nos metimos en una casa llena hasta los topes (eso sí, por primera vez éramos más Españoles que italianos :-P) donde además la gente estaba fumando. Después de dos meses completamente libres de humos, meterme ahí fue una tortura. Y eso que a mí nunca me ha molestado que fumen a mi lado, pero se ve que me he acostumbrado a lo bueno. Terminé con los ojos y la garganta hechas mierda (por no hablar del olor, pero eso no es novedad, siempre lo he odiado). Total, que entre madrugar para el viaje y trasnochar por las fiestas, ese día estuve despierto veinticuatro horas. Y uno ya tiene una edad :-P.
Y así llegamos a la última semana en Cork, dedicada principalmente a intentar que no se me olvidara nada de lo que tenía que comprar para traer a España (creo que lo he conseguido :-D). Y, por supuesto, a despedidas. No me gustan las despedidas, suena a tópico, pero es verdad. Ayer mis compañeros de casa me firmaron una camiseta que guardaré con todo el cariño del mundo. Pero me llevo mucho más de ellos, estos últimos dos meses han sido una grandísima experiencia para mí. Y ellos forman parte de ella, y lo harán para siempre. Gente del 24 de Congress Road, muchas gracias por todo. ¡No os olvido! ;-).
Y, como he dicho al principio, ahora estoy en Dublín. He llegado esta mañana después de una pequeña odisea que no pienso contar :-P. Pero el caso es que he llegado. Eso sí, poco puedo explicar de momento. Esta mañana ya me he pateado un poco la capital, pero dejadme un poco más de tiempo para aclimatarme. Además, estoy bastante molido después del madrugón y del viaje (no sé los kilómetros en autobús que me habré hecho estas últimas semana, pero seguro que muchos). Tema Dublín lo dejamos por tanto para más adelante.
Para no romper la tradición, termino con alguna curiosidad. Vamos a hablar un poco más del caos que parece que (según yo) rige la mayoría de las actividades en este bendito país. Tratándose de este tema, como no, tengo que volver a hablar de los autobuses, mis queridos autobuses. No sólo es que no haya planos de las líneas, o que la información que te dan deje bastante que desear. Es que, directamente, todo depende del conductor que te toque en suerte, literalmente. Porque yo, cogiendo el mismo autobús, he ido por tres caminos diferentes. Y en dos de ellos no se saltaban ninguna parada (de las “oficiales”, porque también es verdad que los conductores suelen parar para que te bajes donde te dé la real gana, que esa es otra). Pero a lo que iba, que dos recorridos sólo variaban en un tramo sin paradas, pero el otro no. Es decir, que nunca sabes si el autobús que coges (aunque le cojas a diario) te dejará cerca de casa o te parará sólo en la estación. Vamos, que no ganas para emociones con los autobuses de Cork :-P.
Otra cosa “caótica”: los colores de los taxis. En plural. Y no porque sean bicolores como los de Barcelona. Sino porque aquí los taxis también son del color que le sale de los cojones al conductor. Blancos, negros, rojos, azules, grises… hasta he visto un taxi-furgoneta pintado a rayas, como una cebra (publicidad de Fota Wildlife). No es que me parezca grave ni nada, pero no deja de ser otra muestra más que no hace sino confirmar mi opinión de que viven en el caos. Eso sí, que quede claro, viven en el caos, pero lo llevan bien, ellos no tienen ningún problema en ese sentido y tú te acabas acostumbrando, qué remedio :-P.
Y como última curiosidad, una que tiene que ver con el Río Lee, con su caudal concretamente. Se ve que le afectan las subidas y bajadas de la marea. El caso es que la variación de nivel que puedes ver a lo largo del día es considerable (de hecho, por cambiar, cambia hasta el sentido de la corriente).


Aquí lo dejo por el momento. Salvo sorpresas, volveré con la quinta y última entrega de la saga cuando ya esté en España. Para entonces ya os habré contado la historia en persona a muchos, pero bueno, no vamos a dejar esto sin rematar :-P. Nos vemos dentro de nada ;-).